Todos podemos contribuir a la creación de valor en el sector público desde dentro de la administración, aunque haya casos donde esta labor resulte más clara y directa que en otros. En mi caso, se trata de una labor presuntamente complicada de articular dado que mi puesto de trabajo se encuentra en un departamento de Informática de una delegación territorial. El objeto de las actuaciones de nuestro departamento son siempre los empleados públicos que trabajan para la delegación y nunca, o al menos no directamente, la sociedad en su conjunto o los administrados.
Sin embargo, es una visión simplista la descrita anteriormente si nos acogemos al valor que debe darse a la función directiva, cuando se establece que su orientación no sería descendente e interna, dirigida al control fiable de las operaciones organizativas, sino ascendente y externa, preocupada por los resultados.
Es por ello que en este departamento nos centramos, desde hace tiempo, en considerar a la organización y, por tanto, a la sociedad y administrados a los que esta presta servicio, como objeto de nuestra actividad, y no a los empleados públicos que en ella trabajan. Es decir, los empleados públicos pueden tener sus necesidades particulares, las cuales solicitan al Dpto. Informática, de cara a la realización de su trabajo de la mejor forma posible, pero desde el departamento se analizan y se ponen en conjunto las necesidades de los usuarios para alinearlas con la misión de la organización, de forma que a través de la prestación de nuestro servicio a los empleados públicos se satisfaga, por una parte, la necesidad particular del solicitante pero sobre todo, la labor de la delegación. Por tanto, creemos que participamos activamente en la creación de valor público a pesar de que nuestro trabajo directo no se realiza con entidades externas a la administración.

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